Los días secos, ventosos y calurosos ayudarían a que el virus no se expanda tanto, dice la revista científica Physics of Fluids.
“Los resultados revelan la importancia de las condiciones climáticas en la viabilidad del virus. Podrían orientar el diseño de medidas de protección, tanto en entornos interiores como exteriores, para reducir la transmisión de virus en el aire en lugares públicos y privados”, dice en sus conclusiones el trabajo.

Esta semana, la Organización Mundial de la Salud (OMS) se asomó a este enfoque, cuando recomendó ventilar los ambientes y acudir a los viejos ventiladores en lugar de los aparatos de aire acondicionado.
El nuevo estudio evaluó la evaporación de las gotas de saliva en el aire y los factores climáticos que ayudan a que el virus se propague menos. Se midió también la velocidad de secado, con variaciones en la temperatura y la humedad relativa de la atmósfera.
La infección se esparce a través de gotículas que el portador del COVID-19 expulsa al toser o estornudar. Para estudiar más a fondo cómo se comporta el virus en las gotas en diferentes condiciones climáticas, los científicos crearon un modelo informático.

“Descubrimos que las altas temperaturas y una humedad relativa baja provocan altas tasas de evaporación de las gotas de saliva contaminadas, lo que reduce significativamente la viabilidad del virus”, explicó Talib Dbouk, en nombre del American Institute of Physics de los Estados Unidos.
Los investigadores examinaron la influencia de la velocidad del viento en la propagación del virus, y descubrieron que la nube de gotitas contaminadas mantiene su forma esférica tanto con un viento de 10 metros por segundo como de 15 metros por segundo. Por lo tanto, el distanciamiento social debe respetarse no sólo en la dirección del viento sino también en la dirección perpendicular a ella, concluyen los científicos.







