Por qué trabajamos más, por qué ganamos menos. La explicación puede estar en Parkinson, si en la Ley de Parkinson.

En 1957, el historiador naval británico Cyril Northcote Parkinson enunció en el libro del mismo nombre el resultado de su extensa experiencia en el Servicio Civil Británico (British Civil Service).
Cyril Northcote Parkinson observó como a medida que el Imperio Británico declinaba en importancia, el número de empleados en la Oficina Colonial (Colonial Office) aumentaba.

Parkinson también notó que el total de aquellos empleados dentro de una burocracia aumenta hasta un 7% por año “independientemente de las variaciones en la cantidad de trabajo”.
Traducido, cuanto más tiempo se tenga para hacer algo, más divagará la mente y más problemas serán planteados. Este hecho tiene una gran aplicación en gestión del tiempo, productividad y dirección de proyectos, puesto que la fijación de cortos plazos ayuda a evitar que el trabajo se expanda innecesariamente.

La “Ley de Parkinson” afirma que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para que se termine”.

Las tres leyes fundamentales de Parkinson son:
- “El trabajo se expande hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización”.
- “Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos”.
- “El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia” (Parkinson la llamaba ley de la trivialidad).

Estas tres leyes, al igual que otras que Parkinson formuló, como la ley de la dilación o el arte de perder el tiempo y la ley de la ocupación de los espacios vacíos: por mucho espacio que haya en una oficina siempre hará falta más, son leyes extraídas de la experiencia cotidiana, mediante las cuales, al tiempo que se describe o pone de manifiesto una determinada realidad, se denuncia la falta de eficiencia del trabajo administrativo.
(Acaso el dilema argentino se haya explicado).







