El cantante español de 64 años decidió clausurar sus cuentas de Facebook, Twitter e Instagram para evitar el repudio social debido a su postura negacionista del coronavirus. El artista se había convertido en uno de las caras más visibles del movimiento «antibarbijo» en las plataformas digitales. El pasado 21 de agosto, Miguel Bosé publicó en redes sociales un vídeo de apenas un par de minutos en el que argumentaba que los barbijos no son una protección eficaz contra el coronavirus y que la población sana no debería llevarlas.

Muy duro, El diario El Mundo de Madrid se preguntó si “pueden los videos incendiarios Bosé ser una llamada de auxilio?”. “parece más bien un artista jubilado que acaba de descubrir su tardía vocación de líder mesiánico”, dice el matutino ibérico. Se está asociando, además, con una causa controvertida, de difícil defensa y muy alejada de las inquietudes políticas progresistas que se le atribuían al artista en el pasado. Y lo está haciendo en un momento personal que se intuye devastador para él.

Su madre, Lucía Bosé, falleció el pasado 23 de marzo, víctima de COVID-19, (su padre, fue el torero Dominguín fallecido en 1996). En paralelo, Bosé mantiene un litigio con el que fue su pareja, el escultor valenciano Nacho Palau, por la custodia de los cuatro hijos que tuvieron en común (por gestación subrogada), dos de ellos hijos biológicos de Bosé y los otros dos de Palau. En enero de 2017 había fallecido también su sobrina Bimba, a la que describió poco después de su fallecimiento como “mi cómplice, mi compañera”.