No fue un domingo más en Ereván. Cerca del mediodía la Plaza de la República lucía casi vacía: sólo se observaban transeúntes ocasionales y algunos policías, un escenario montado la noche anterior, y a lo alto la bandera armenia flameando sobre la sede de Gobierno. Con el correr de las horas en la zona céntrica el movimiento fue cada vez mayor, pero se pudo caminar con total normalidad y disfrutar, bajo un sol indefenso, las bondades que ofrece esta ciudad milenaria. Apenas unas nubes intrusas impidieron apreciar por completo el monte Ararat, sobre el que se encuentra la urbe. Una urbe extremadamente rica en historia y arquitectura, en la que es indisimulable la herencia soviética pero también su toque moderno.
Pasadas las 20 el sol ya se había ido, la lluvia amenazante había durado lo que un suspiro, y la Plaza de la República estaba abarrotada de gente. Miles de personas, en su mayoría jóvenes y de mediana edad, se congregaron como todos los años para participar de la Marcha de las Antorchas la noche previa al 24 de abril, día en que se conmemora el 108 aniversario del genocidio armenio.
En el ambiente se percibía el clima de respeto. Pese a la gran cantidad de gente, prácticamente lo único que se escuchaba eran los discursos de los jóvenes que se subían al escenario para recordar a las víctimas y unos bombos de fondo. El resto escuchaba con atención; y aquellos que estaban en grupo trataban de hablar entre sí pero en voz baja, sin perturbar el momento. Muchos portaban banderas de Armenia -también se vieron las de aquellas naciones que reconocieron el genocidio armenio-, mientras que otros se acercaron con flores y velas.
“El derecho es la única fuerza”, rezaba un cartel que portaba un grupo de jóvenes. Es que los discursos de este año también se vieron impactados por el drama humanitario que está sufriendo la población de Nagorno Karabaj como consecuencia del bloqueo impuesto hace más de cuatro meses por Azerbaiyán.
Poco más de una hora después, la multitudinaria congregación emprendió camino hacia el Memorial Tsitsernakaberd, dedicado a las víctimas del genocidio que sufrió el pueblo armenio desde 1915 hasta 1923. En pocos minutos la calle Amiryan se convirtió en un mar de gente marchando con sus antorchas, banderas, velas y flores.
Como cada año, miles de armenios marcharon la noche del 23 de abril los casi tres kilómetros que separan la Plaza de la República del Memorial para dejar sus ofrendas a las víctimas y realizar un minuto de silencio. Allí continuará este lunes la conmemoración oficial para recordar al millón y medio de personas que fueron exterminadas por el Imperio Otomano (actual Turquía).







