Desde inicios del siglo XIX, Argentina es un puerto de recepción de almas dolientes e ilusionadas que buscan en éstas tierras, calma, paz y prosperidad; resumido, Argentina, para ellos, es un país de esperanza. Millones de inmigrantes hicieron grande a la Argentina a fuerza de esfuerzo y dedicación. Sus hijos, siguieron su legado y sus nietos recogieron sus frutos. Muchos de ellos aún mantienen la fe de mantener a ésta tierra en un nivel de dignidad acorde a sus esperanzas. Sin embargo, Argentina sigue dilapidando recursos, pasan las décadas, y no levanta, peor aún, se hunde en el más profundo de los pozos rellenos de crisis producto de corrupción, incapacidad, inacción y depresión que, hoy por hoy, se agudiza por la pandemia, inesperada y letal que por lo visto pega más en la economía que en la salud.

Entre esos miles de inmigrantes, italianos, españoles, polacos, rusos, franceses, árabes, orientales y caribeños, se encuentran los venezolanos que vienen de un país que durante décadas fue potencia del petróleo, rico y bonito, con un clima tentador y agradables anfitriones. Cuantos extranjeros, fantasearon emigrar a Venezuela en tiempos prósperos. Con trabajo, ahorros y vivienda era el lugar ideal para residir fuera del terruño. Sin embargo, en los 90, el desembarco del Chavismo empezó a hundir a Venezuela en un pozo; en cualquiera de sus pozos de petróleo, pero ya vacío.

La crisis venezolana, que empezó de menor a mayor, tiene más de 20 años. Dos décadas son suficientes para sumir a un país ideal, a ideal para irse. El dolor de los venezolanos por abandonar su tierra hizo que huyeran a los más variados destinos y uno de ellos fue la esperanza, Argentina. Nunca supieron, los venezolanos, que arribar al aquí donde, en medio del dolor, reactivaron la fe, tuvieran que evaluar la posibilidad de barajar y dar de nuevo. Es el caso de hoy. El éxodo del éxodo es lo que están pensando y lo que La Nación + refleja en éste informe. Esto ya lo viví.