El diario Clarín publicó un informe llamado “endeudarse con tarjeta, un lujo caro” que detalla los peligros de asumir compromisos con ese tipo de crédito bancario. Lo mejor del producto “tarjeta de crédito” es la parte de la tarjeta. Lo de crédito mejor mirarlo con cuidado. La tarjeta nos saca de apuros en más de una ocasión. Pero más allá del juego de palabras, financiarse con la tarjeta, o como se ha mencionado tanto en estas semanas, hacer rollover de vencimientos, puede terminar siendo un dólar de cabeza para las personas que no tienen ejercitado el músculo de la buena conducta financiera, comienza la versión online de Clarín en sus primeros párrafos.

El problema con las tarjetas de crédito es que las tasas de interés que cobran los bancos suelen ser “picantes” por decirlo suavemente. Y el nivel de tasas está asociado a un montón de variables: si la tarjeta está asociada a una cuenta sueldo, si forma parte de un paquete de productos; pero sobre todo a que con la tarjeta la gente -dentro de ciertos límites- hace lo que quiere, y entre esas cosas, endeudarse cuando uno quiere. Y pagar como uno quiere. Esas facilidades tienen un costo, destaca el diario.

La financiación con tarjeta es mucho más cara que si uno quisiera financiar el mismo saldo deudor con un crédito personal. Entre otros motivos, porque el cliente que toma ese crédito tiene establecidos de entrada plazos y montos de cuota. Esa certeza le baja el costo al crédito. A cambio, el deudor sabe fehacientemente que tiene que apartar un monto conocido de dinero para pagar esa cuota, agrega.

Con la tarjeta, en cambio, el usuario va pagando lo que quiere, mientras puede. Esa libertad de acción se paga.

Lo que ocurrió con la pandemia-cuarentena es que muchas cuentas familiares sufrieron un descalabro importante. A eso se suma la poca educación financiera que -en promedio- tienen los usuarios argentinos. El argentino promedio es rápido para el puré del dólar oficial pasado a dólar blue, pero desprolijo para manejar su deuda personal. El pago del saldo mínimo es un alivio pasajero, a cambio de acumular más deudas, que devengan intereses a una tasa muy alta.

En su desarrollo, el texto periodístico, da cuenta de algo que sabemos todos y que en muchos casos nos rendimos a la tentación cuando, por lo general, las cuentas empiezan a no cerrar y el plástico se convierte en “la salvación”.

La realidad de los vencimientos llega. Y eso obliga a un fuerte recorte de gastos o a buscar una salida menos dolorosa, como un crédito personal.

No hay soluciones fáciles, escribe Gustavo Bazzan para Clarín, cuando los apremios económicos de millones de hogares aún no pudieron recomponerse. Cada familia deberá procesar a su manera su propio ajuste del gasto.

No hay soluciones fáciles cuando los apremios económicos de millones de hogares aún no pudieron recomponerse. Cada familia deberá procesar a su manera su propio ajuste del gasto.

ENCIMA LAS CUOTAS SON MÁS ALTAS QUE EN ABRIL.

Algunos clientes que, con el resumen de agosto, empezaron a pagar la deuda de la tarjeta de crédito que el Gobierno permitió refinanciar en abril, cuando comenzó la cuarentena, encontraron que las cuotas eran más altas que las prometidas.

Según un trabajo de la consultora CERX, hay cerca de 2,5 millones de hogares que entraron en ese esquema, que contemplaba tres meses de gracia y empezar a pagar recién en agosto.

“Hay disparidades entre lo que se cobra. En algunos bancos se cumple la tasa del 43% y en otros no. Además mucha gente que entró pensó que pagaría de cuota $147 por cada $ 1.000 de deuda. Pero llegaron más de $ 400 por cada $ 1.000”, indicó el trabajo realizado por Victoria Giarrizzo, de la consultora. La economista explica que la cuenta es más compleja porque los $ 147 no incluyen el IVA sobre intereses y se cobran por cada $ 1.000 de la deuda inicial, no sobre la deuda que va quedando.

“Es muy importante que el Banco Central aclare para aplacar el malestar que se generó y que la gente entienda para reclamar excesos. Además, el vencimiento del plan ocurre cuando la cuarentena sigue, las familias están muy endeudas y los ingresos no se recuperaron. Si bien la tasa de 43% implica una fuerte reducción sobre la tasa que tenían los bancos a marzo, para muchas familias en el contexto actual, es impagable”, agrega el trabajo.

De todos modos, cada banco funciona de manera diferente y en general cuesta encontrar en los sitios de homebanking explicaciones claras sobre el saldo, incluso cuál es el saldo de esa deuda para que el cliente pueda pagarlo si así lo desea.